De todo un poco…….

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En alguna ocasión con algunos compañeros de trabajo platicamos sobre este tipo de mujeres, y discrepábamos en cuanto a los atributos que debería tener una chica para clasificarla en este rubro, lo único que sí puedo decirles es que “malnacido” un colega blogger, hace una mención de alabanza hacia esas chicas que tienen un no sé qué…..

“”Me gustan las gordibuenas y no puedo mentir. Ustedes, hermanos, tampoco lo pueden negar. Ellas tienen un efecto muy extraño sobre nuestras débiles mentes: pueden convertir al hombre con más clase y finura (léase: un servidor) en un cerdo adicto a las carnes que no se puede controlar (léase: todos los demás hombres, especialmente tú, amigo lector).

Siempre he tenido algo en favor de las gordibuenas; esas chicas que sin ser obesas tienen más relleno que las deprimentes paletas que vemos en la tele y en el cine con la excepción, por supuesto, de Thora Birch (la pimpollita de American Beauty y Ghost World). Para mí, Thora es el prototipo de mujer perfecta: bella, curvilínea, suavecita, orgullosa de como se ve y mostrando las chichis en sus películas (éste último es opcional). ¡Viva la woman!

Nunca he entendido qué es lo que la mayoría de los hombres le ven a las huesudas y por qué tienen tan poca tolerancia hacia los que nos gustan las chicas bien crecidas. Fue precisamente por esa intolerancia que durante mucho tiempo tuve que reprimir mis preferencias personales. La sociedad me perseguía, la gente me volteaba a ver con asco en la calle y hasta mis familiares y amigos pensaban que estaba loco… hasta que un día, harto de esconderme, decidí salir del clóset de las carnes (que no es lo mismo que el refrigerador) y gritarle al mundo:

“Escúchenme todos: ¡me gustan las gordibuenas y no hay nada que ustedes puedan hacer para evitarlo!”

Desde entonces soy plenamente feliz… pero es cierto que la felicidad de un solo hombre no es suficiente. Por eso me ha alegrado notar que poco a poco se han puesto de moda mis queridas gordibuenas entre los jóvenes aventureros de nuestro país. ¡Alabado sea el señor de las carnes (que no es lo mismo que el carnicero)! ¡Por fin la gente comienza a notar la belleza real!

Tomando eso en cuenta, invito a los hermanos mexicanos que aún no se han unido a la revolución de las gordibuenas a salir del clóset de las carnes como yo. No podemos ignorar que existen las flaquibuenas. Naturalmente no estoy proponiendo que las repudiemos porque a fin de cuentas… pues… ya saben (guiño-guiño-codazo-sonrisa). Lo único que les pido es que consideren todas las opciones sin ningún tipo de discriminación. Una gordibuena bonita es igual de bonita que una flaquibuena bonita y quien lo niegue, seguramente es porque de cualquier modo no le gustan las mujeres más que para admirar sus fabulosos vestidos, bolsos y zapatos.

Entonces, amigos, no se hagan. Ustedes saben que en el fondo desean a una gordibuena pero tienen miedo de aceptarlo. Cada quién debe decidir, sin pensar en lo que piensen los demás, qué es lo que hace girar sus engranes. ¿Y saben qué es lo que hace girar mis engranes? Digamos que hay muchos peces en el mar y como en toda buena pesca, entre más kilos, mejor.

Es por eso que les pido me ayúden pues, a difundir el mensaje de la Santa Iglesia de las Gordibuenas. Podemos cambiar el mundo una talla a la vez. ¡Ahora es el momento!””

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